domingo, 21 de diciembre de 2008

Por su, Santidad el XlVº Dalai Lama

Desde el punto de vista budista, la mente de una persona común está debilitada y distorsionada por la fuerza de los errores y los conflictos emocionales que acarrea en sí misma. Por esta debilidad y distorsión es incapaz de ver las cosas tal y como ellas son. Lo que percibe es una visión deforme y determinada por sus propias neurosis emocionales y sus prejuicios.

El propósito del budismo, como religión, es eliminar de la mente esos elementos distractivos y facilitar así, una percepción válida.
Mientras que tales elementos distorsionantes no hayan sido arrancados de raíz , la percepción de la persona siempre estará empañada. Pero una vez que los errores sean eliminados, el individuo entrará en un estado en el que la realidad es percibida siempre tal y como es.
Entonces, al existir la mente en perfecta sabiduría y liberación, el cuerpo y la palabra fluyen de un modo perfectamente positivo y natural.

Los tibetanos somos afortunados por haber nacido en una sociedad donde el conocimiento espiritual, estaba al alcance y era altamente apreciado. Sin embargo, por el hecho de haber nacido en un medio así, quizá algunas veces lo dimos como garantizado. El mismo Buda dijo: "comprueba mis enseñanzas como un mercader de oro analiza antes de aceptarlo y comprarlo". El Buda enseñó durante un largo tiempo a gentes de todo tipo y nivel de inteligencia. Consecuentemente, cada una de sus enseñanzas debe ser cuidadosamente calibrada en su significación para determinar si es cierta literalmente, o sólo en circunstancias particulares o a seres de limitado entendimiento.
Aceptar cualquier doctrina o aspecto de ella sin analizarla será como construir un castillo sobre hielo. Haciéndolo así, la práctica de la persona permanecerá siempre inestable y carecerá de la fuerza y profundidad necesaria.

También es un error practicar sin un entendimiento y
conocimiento de la doctrina. El practicante debe saber muy bien lo que hace y por qué lo hace. Aquellos que somos monjes o monjas, y que dedicamos nuestra vida entera la práctica del Dharma (enseñanzas del Buda), debemos ser muy cuidadosos en practicar inmaculadamente. La Sangha (comunidad de practicantes) es muy importante para la estabilidad de la doctrina, por lo tanto, debemos hacer todo lo posible para emular al mismo Buda. Cualquiera que considere la posibilidad de ordenarse, debe, en primer lugar, pensarlo muy bien; no hay necesidad alguna de hacerse monje, para convertirse en un monje inferior. La Sangha tiene responsabilidad de ser la encarnación de los preceptos. Si lo que en el fondo se desea es continuar viviendo la vida ordinaria, es mejor no hacerse monje, dejar la ordenación para aquellos de mayor inclinación espiritual y practicar simplemente como un laico lo mejor que se pueda.

Todas las religiones del mundo son parecidas, en cuanto que proveen los métodos para cultivar los aspectos positivos de la mente y eliminar los negativos. El budismo es una religión de un carácter particular, de un especial sabor, debido a que, habiéndose desarrollado en la India, cuando ésta era un país de un elevado nivel espiritual y filosófico, presenta tanto un abanico completo de ideas espirituales, como métodos de aproximación racional al desarrollo del espíritu.

Esto es particularmente importante en nuestra era, en la que se concede a la mente racional tal relevancia. Debido a esta faceta de racionalidad, el budismo encuentra muy poca confrontación con el mundo moderno. En verdad, muchos de los hallazgos de la ciencia moderna, tales como los de la física nuclear, que son considerados como nuevos descubrimientos, han sido debatidos hace mucho tiempo en las antiguas escrituras budistas. Debido a que el último consejo de Buda fue que no aceptaran nada por la simple fe, sino mediante la investigación racional. Así el mundo budista ha mantenido muy vivo, dentro de su ámbito, el espíritu de investigación.

Que una persona sea budista o no, viene determinado por si ha tomado refugio o no en las Tres Joyas Budistas (El Buda, El Dharma y La Sangha -la comunidad de practicantes-) de una forma pura, desde lo más profundo de su corazón. Por el mero hecho de recitar oraciones budistas, jugar con rosarios mántricos o caminar alrededor de los templos, no se es budista. Incluso un mono puede ser adiestrado en estas cosas. El Dharma es una cuestión de mente, de espíritu, no de actividades externas. Es por esto que para ser budista, uno debe entender exactamente lo que son las tres Joyas: El Buda, el Dharma y la Sangha, y cómo se relacionan con la propia vida espiritual. Se dice, que el Buda es el maestro, el Dharma es camino y la Sangha los compañeros espirituales que ayudan a recorrerlo.

De estos tres, el más importante para nosotros como individuos, es el Dharma, porque en última instancia sólo nosotros podemos ayudarnos a nosotros mismos. Nadie puede alcanzar la Iluminación por nosotros o cedérnosla. La Iluminación llega para aquellos que
practican bien el Dharma, para los que toman el Dharma y lo aplican en el desarrollo de su propio continum mental. De las tres Joyas, es el Dharma el refugio último. Escuchándolo, reflexionando y meditando, nuestras vidas pueden devenir una con él y la Iluminación puede ser una posibilidad inmediata.

La mente de una persona ordinaria es indisciplinada y
descontrolada. Para ser capaces de enfrentarnos a prácticas budistas más elevadas, tales como el desarrollo del samadhi o la visión
profunda de la vacuidad, o comprometernos en los métodos yóguicos de los diferentes sistemas tántricos, debemos, primeramente, desarrollar
una mente disciplinada. Con refugio y autodisciplina como bases, podremos fácilmente desarrollar una experiencia progresiva en prácticas dhármicas más elevadas. Sin un fundamento de disciplina, las prácticas elevadas no fructificarán. Todos desean practicar las técnicas más elevadas, pero debemos preguntarnos si antes hemos dominado los prerrequisitos elementales, como la disciplina. El objetivo del Refugio es transformar a la persona ordinaria en un Buda. Una vez que esto se ha conseguido, el propósito del refugio ha sido cumplido. En el momento en que nuestra mente deviene Buda, nuestra palabra se convierte en el Dharma y nuestro cuerpo en la Sangha.

La esencia del Dharma es el desarrollo de la mente, ya que todo el Karma negativo y positivo acumulado mediante las acciones de la palabra, el cuerpo, es originado y dirigido por la mente. Si no desarrollamos una alerta consciente de nuestros procesos mentales y la habilidad de cortar las tendencias negativas del pensamiento en el
momento mismo en que nacen, veinte años de meditación en una cueva remota serán de muy poco valor. Antes de la cueva, debemos buscar las buenas actitudes mentales y desarrollar la capacidad de vivir de acuerdo con el Dharma. Solamente entonces nuestro retiro en la cueva remota será mejor que al hibernación de un oso. Aquellos que hablan de retiros tántricos mientras que las diez acciones positivas, fundamento del Dharma, están aún remotas, no hacen sino reírse de ellos mismos.

Como humanos somos capaces de obtener la Iluminación en una sola vida. Sin embargo, la vida es corta y la mayor parte de elle ha pasado ya. Debemos preguntarnos cuánto hemos progresado espiritualmente. La muerte puede llegarnos en cualquier momento, y
cuando llegue habremos de dejar atrás todo excepto las huellas mentales que nuestras acciones han dejado. Si hemos practicado el Dharma en nuestra existencia, hemos tratado de vivir con las directrices Dhármicas o hemos obtenido realizaciones espirituales, esa energía estará ahí con nosotros. Si por el contrario, nuestra existencia ha sido empleada en la negatividad, la consciencia viajará a mundos futuros y estará inmersa en pensamientos negativos y memorias obsesivas de nuestras andanzas samsáricas.

Ahora que tenemos todavía el poder de practicar el Dharma, debemos hacerlo pura e intensamente. La práctica del Dharma trae la paz para nosotros y para los que nos rodean, e incluso aunque no alcancemos la Iluminación en esta vida, nos proporcionará la joya que satisface todos los deseos, que puede ser llevada a las vidas futuras y ayudarnos en el camino espiritual.

En última instancia, el futuro está en nuestras manos.

La mayoría de las personas hacen los planes más fantásticos para mañana, la semana que viene o el próximo año, pero lo que verdaderamente cuenta es practicar el Dharma aquí y ahora. Si se hace esto, todos los planes serán llevados a cabo. Cuando cultivamos hoy la actividad virtuosa, la ley de la originación dependiente asegura que una corriente de cambio positivo se pone en marcha. Esa es la preciosa característica de la vida humana. La humanidad es capaz de influir dinámicamente en su propio estado futuro mediante la aplicación de la sabiduría discriminativa a todas las actividades del cuerpo, la palabra y la mente. Usar y desarrollar esa sabiduría que distingue correctamente es extraer la esencia misma de la vida humana.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Como una mariposa..



La verdadera felicidad - VIDEO !!! HC.
http://multimedia.terra.es/viewer/portada.cfm?cod_media=64466&mapnivel1=NGO&parte=7

Tu mente es como un niño mocoso, se mueve constantemente aqui y ahi pensando en el pasado imaginando el futuro pero nunca en el momento presente; intenta concentrarte en tu mente; se dice que la mente es como una mariposa, es la mariposa que se queda en la flor, sale y de repente vuelve, sale sin ningun motivo y entonces regresa.. y esta bien por que te distraes pero tienes que volver..
y entonces así, la meditacion te ayudara a ser dueño de tu mente.
Ser dueño de tu mente no es quedarce sin libertad; la gente piensa, voy a controlar mi mente y tendre menos libertad.. Es el ejemplo de un marinero en el mar, que es la libertad ? dejar que la barca valla con el viento y la corriente ? Eso no es libertad, eso es ir a la deriba.. La verdadera libertad es agarrar el timón e ir donde has elejido ir. Eso es la felicidad, si controlas tu propia mente.. eres libre.

Como una bandera batiendo en el viento..



Mientras no observemos la mente en detalle tenderemos a pensar que ella está tranquila. Sin embargo, cuando de verdad miramos en su interior, nos damos cuenta que no lo está. La mente no permanece en un sólo objeto ni siquiera por un segundo. Se agita en rededor como una bandera batiendo en el viento; no acaba de fijarse la mente sobre un objeto cuando ya es arrastrada por otro. Aun cuando vivamos en una cueva en lo alto de una montaña la mente se mueve sin cesar.

Cuando nos situamos en lo alto de un gran edificio podemos mirar hacia abajo y ver cuan agitada está la ciudad, pero si estamos caminando por sus calles somos conscientes tan solo de una fracción de dicho ajetreo. De forma similar, si no investigamos nunca seremos conscientes de cuan ocupada está.


jueves, 18 de diciembre de 2008

Adivina adivinador...




¿ Que es eso que ves a través de tus ojos y escuchas a través de tus oídos.. ?

Tu propia mente.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Hacia la Paz Social a través de la Paz Individual.



http://www.dokusho.eu/


conferencia impartida por el maestro Zen Dokushô Villalba en Bilbao, el 18 de Febrero de 1999.

Esta ocasión es el cuarto año consecutivo que vengo al País Vasco para enseñar y compartir la práctica del Zen.

En esta ocasión me gustaría hablaros de la Paz. Me gustaría hacer una humilde reflexión sobre la paz basándome en las enseñanzas y la práctica del Zen, con la esperanza de que todos juntos podamos beneficiarnos de esta enseñanza y podamos encontrar una buena manera de resolver nuestros conflictos internos e interpersonales, de forma que gocemos de un estado mental y emocional pacífico y armonioso.

No soy político ni sociólogo ni economista. Soy un sacerdote budista. Por lo tanto, mi análisis es básicamente espiritual, Atañe a nuestra mente, a nuestro corazón, a la manera en la que nos percibimos a nosotros mismos.

Tenemos que reconocer que todo conflicto social y político nace, originalmente, en el interior de la mente de los individuos. Y que es después, cuando ese conflicto interior ha sido proyectado hacia el exterior cuando se materializa en un conflicto socio-político-económico. Este último, a su vez, puede ser causa de nuevos conflictos internos en el la mente de los individuos.

Así como la Paz social sólo puede surgir de la paz interior de los individuos que componen la sociedad, el Conflicto social sólo puede surgir del conflicto interior de los individuos que componen la sociedad.

Existe pues una estrecha relación entre el conflicto interno y el conflicto externo. Ambos se generan mútuamente. Ahora bien ¿cuál es el primero, cuál es la causa y cual el efecto?

Transformación social versus transformación individual.

Esto es como preguntarse: ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?

Se podría discutir indefinidamente sobre esto. No es mi intención discutir aquí sobre ello, pero si se hiciera, veríamos que, básicamente, surgirían dos actitudes:

• La de los revolucionarios sociales, para quienes las circunstancias ambientales (socio-política-económicas) son las causantes del sufrimiento de los individuos. Por lo tanto, su acción va destinada sobre todo a la transformación de dichas circunstancias.

• La de los revolucionarios, llamémosles, individualistas, para quienes toda revolución verdadera debe suceder previamente en el interior del individuo, ya que los individuos son los elementos básicos de toda sociedad humana. Según esta posición, son los individuos los que deben crear un estado de paz en sus mentes para que la interacción de todos ellos genere paz social.

Personalmente siento que una visión equilibrada debe incluir ambas actitudes, si bien creo que las causas profundas de todo conflicto, ya sea social o individual, debemos buscarlas en el interior de las mentes individuales.

Ningún ser humano sano ama el conflicto. El conflicto interno merma la capacidad de ser feliz del individuo y el conflicto social merma la armonía entre individuos.

Dado que lo que en el fondo todos anhelamos es felicidad y bienestar es importante que podamos comprender las causas y dinámicas de nuestros conflictos internos y de cómo estos conflictos nos inducen a crear relaciones conflictivas con las personas que nos rodean. Es muy importante que aprendamos a disolver nuestros conflictos internos. Esto no puede suceder si no comprendemos cómo se generan.

¿Qué nos dice la enseñanza del Budismo Zen a este respecto?

La experiencia suprema o el estado ideal en el Budismo es llamado nirvana. Literalmente, nirvana significa "extinción". Se entiende "extinción de todo tipo de conflicto, de lucha, de insatisfacción, de sufrimiento". Nirvana es un estado mental caracterizado por la extinción de la llama del dolor y del sufrimiento. Usualmente se emplea la imagen de una vela encendida para explicar el proceso de extinción del sufrimiento.



La llama de la vela es el estado de conflicto, de lucha, de dolor y sufrimiento. Para que una vela permanezca encendida se requiere un conjunto de causas y de factores circunstanciales, a saber:

• Es necesario un soporte material básico (el combustible: la cera en forma de vela, con una mecha apta para arder).

• Es necesario un conjunto de factores circunstanciales (atmósfera con una cierta cantidad de oxígeno y una cierta corriente de aire).

• Es necesaria una llama ya encendida previamente (encendedor, fósforos, fuego de chimenea, etc…).

• Es necesario alguien con la voluntad de usar ese fuego anteriormente encendido para encender con él la mecha de la vela).

Todas estas causas y circunstancias son necesarias para encender y mantener encendida una vela. A falta de uno de ellos, o bien la vela no puede ser encendida o bien si se ha encendido, se apaga.

Traduzcamos esto al ámbito interno del individuo:

• El soporte básico, el combustible, son ciertos estados internos susceptibles de arder en el fuego del conflicto.

• Los factores externos son circunstancias sociales, culturales, políticas o económicas que permiten que estos estados internos entren en combustión.

• La llama previamente encendida son viejos conflictos internos no resueltos.

• La voluntad de usar la llama de estos viejos conflictos no resueltos es la opción individual de usar esa llama para encender el combustible susceptible de entrar en combustión.

Esta dinámica es un círculo vicioso que se autoperpetúa: viejos conflictos no resueltos pueden encender conflictos nuevos si se dan las circunstancias adecuadas y si se produce la opción (la voluntad) de recurrir a los viejos conflictos para inflamar los nuevos.

¿Cómo romper este círculo vicioso? A primera vista, puede parecer que con suprimir cualquier eslabón de esta cadena, la llama del conflicto actual no se produciría y, por lo tanto, el conflicto quedaría resuelto. Pero un análisis más detallado nos hará ver que esto no es exactamente así.

Veámoslo por parte. Para recapitular recordemos los cuatro elementos necesarios en el círculo vicioso del conflicto y del sufrimiento:

• En primer lugar, una voluntad, una opción por crear el conflicto. (Puede ser inconsciente).

• En segundo lugar, la llama de un viejo conflicto no resuelto.

• En tercer lugar, las circunstancias externas que favorecen la combustión.

• En cuarto lugar, un soporte básico, el combustible, del conflicto actual.

(A su vez, este nuevo conflicto generado, puede convertirse en la llama que inicie un nuevo conflicto futuro. Etc. etc.)

Cuando se dan estos cuatro aspectos, la aparición del conflicto y del sufrimiento es automática y se genera una dinámica de conflictividad creciente, una bola de nieve.

¿Qué podemos hacer para romper este círculo vicioso?

• Podemos suprimir, por ejemplo, la voluntad de crear un nuevo conflicto . Si suprimimos la voluntad de encender conflictos nuevos con la llama de los viejos conflictos, el conflicto nuevo no se manifiesta (no se enciende una nueva llama). Pero esto no resuelve los viejos conflictos (que siguen existiendo) ni la posibilidad de que sean encendidos conflictos nuevos en el futuro. Esta posibilidad tampoco hace desaparecer las circunstancias externas que propician la virtual inflamación de nuevos conflictos.

No obstante, aunque la supresión de la voluntad de encender conflictos nuevos con la llama de viejos conflictos no resueltos no resuelve todo el problema, es la condición imprescindible para que no aparezcan nuevos conflictos. De esta forma, podemos concentrarnos en la resolución de los viejos conflictos no resueltos.

• Podemos apagar la llama de los viejos conflictos no resueltos. Una vez suprimida la posibilidad de encender nuevos conflictos con la llama de los conflictos viejos, estamos en disposición de ocuparnos de apagar estos viejos conflictos. ¿Por qué se mantienen encendidos los viejos conflictos? Podríamos decir que por dos conjuntos de causas:

1ª. Porque se dan las circunstancias externas que permiten que la llama de esos conflictos siga ardiendo.

2ª. Porque hay un material básico, un combustible con capacidad de arder.

• Podríamos disolver o transformar entonces las circunstancias externas que propician la aparición del conflicto . Visto esto, unos dirían entonces, que para apagar esos viejos conflictos, lo que habría que hacer es suprimir las circunstancias externas que le permiten seguir ardiendo. Obviamente, si suprimimos las circunstancias externas, la llama de estos viejos conflictos no se manifestará. La llama se apagará. (Si suprimimos el oxígeno atmosférico que necesita la llama de una vela para arder, la llama se extinguirá). Suprimir o transformar las circunstancias externas que permiten la aparición de un conflicto es también necesario. No obstante, aunque la llama de la vela se haya apagado, el material básico, el combustible capaz de arder en cualquier momento, permanece intacto y susceptible de encenderse si se vuelven a dar las circunstancias externas adecuadas.

• Por lo cual tenemos que suprimir las causas profundas, el combustible básico, del conflicto . Si queremos suprimir de raiz el conflictos y evitar que vuelva a encenderse debemos disolver las causas profundas, el combustible básico, la posibilidad misma de que vuelva a darse. Estas causas profundas no son externas a nosotros mismos, sino que se encuentran en lo más íntimo de nuestra conciencia de ser. El término nirvana se emplea para designar esta extinción total del soporte básico de todo conflicto.

Clarificar las causas profundas del conflicto.

Desde el punto de vista del Budismo, las causas profundas de todo conflicto y del sufrimiento que conlleva, reciben el nombre de Tres Venenos. Estos son:

• La ignorancia primordial.

• El apego y su familia (el deseo, la atracción, la identificación absoluta)

• El odio y su familia (la cólera, el rechazo, la aversión).

Cuando estos Tres Venenos permanecen en nuestra mente, el conflicto y el sufrimiento aparecen sin lugar a dudas en nuestra vida. Si no se dan las circunstancias requeridas, estos Tres Venenos no se manifiestan. Pero el hecho de que no se manifiesten no quiere decir que no existan. Simplemente no se manifiestan. No obstante, basta con que aparezcan las circunstancias propicias para que los Tres Venenos, hasta entonces en estado latente, vuelvan a manifestarse.

La práctica del Budismo Zen, cuyos tres pilares son: comportamiento moral correcto, introspección o meditación correcta y visión correcta, tiene como finalidad la transformación de estos Tres Venenos mediante el cultivo sistemático de sus antídotos. Estos son:

• Sabiduría (o disolución de la ignorancia).

• Serenidad mental y emocional (o disolución de los deseos y apegos insanos)

• Compasión ( o disolución de la cólera y del odio).

¿Por qué en el Budismo Zen se le da tanta importancia a la transformación o disolución de estos Tres Venenos? Porque ellos constituyen el único conjunto de causas imprescindibles del conflicto y del sufrimiento.

Si no se dieran estas causas básicas, el conflicto y el sufrimiento no podrían aparecer.

Si no hay vela, no hay llama. Aunque se dieran todas las circunstancias adecuadas para la combustión, aunque tengamos encendida y dispuesta otra vieja llama, aunque tengamos la voluntad de prender un nuevo fuego con esta vieja llama, sin el soporte básico este fuego no podría ser prendido.

Veamos con un poco más de precisión qué son estos Tres Venenos y sus Antídotos:

La ignorancia consiste básicamente en un oscurecimiento mental que nos impide ver la verdadera realidad de nuestra propia naturaleza y de la naturaleza del mundo y, al contrario, nos hace ver como realidad algo que es ilusorio.

Bajo los efectos de la ignorancia:

• Creemos que somos un yo fijo, definido, sólido, independiente.

• Creemos que este yo permanece fijo, estable e idéntico a sí mismo a lo largo del tiempo.

• Creemos que la perpetuación de este yo ilusorio nos hará sentirnos felices y seguros.

y ...

• No vemos la realidad de la interdependencia.

• No vemos la realidad del cambio continuo.

• No vemos el sufrimiento inherente al apego a este yo ilusorio.

¿Por qué la creencia en un yo fijo, sólido y definido, siempre idéntico a sí mismo, es causa de sufrimiento y conflicto?

La creencia en un yo fijo, sólido, definido, siempre idéntico a sí mismo es la manifestación básica de la ignorancia. Esta creencia es un problema sobre todo cognitivo. Es una percepción distorsionada de la realidad.

Esta creencia va siempre acompañada de una fuerte carga emocional. La carga emocional, como la eléctrica, se polariza siempre en :

• positiva (apego, identificación),

• negativa (odio, rechazo),

• y neutra (ni apego ni rechazo).

La creencia en el yo polariza la realidad en dos polos: yo (y lo mío) y no-yo (no mío) (los demás, e.d. los que están "de más", lo suyo).

El yo (y lo mío) se convierte así en objeto del apego y de la identificación emocional (carga positiva).

Lo no-yo (lo otro) se convierte en el objeto de rechazo en el peor de los casos, y en indiferencia en el mejor de los casos.

La mente cegada por la ignorancia traza un círculo psicológico, un límite, una frontera. Al territorio que se encuentra en el interior del círculo lo llama "yo (y/o mío)". Al exterior del círculo lo llama "lo otro" (o lo suyo)". El conflicto está entonces servido.

Todo conflicto es siempre un conflicto fronterizo, ya se trate de una frontera psicológica o de una territorial (aunque en su origen todas las fronteras son psicológicas o mentales).

El conflicto surge cuando se intenta responder a estas preguntas: ¿Dónde se establece la línea fronteriza y quién lo hace? Dado que ese "yo-1" vive con otros muchos "yo-x", (que para el "yo-1" son simplemente no-yo, el conflicto de donde acaba un "yo" y donde empiezan los otros "yo" está servido en bandeja.

La independencia de un "yo" para marcar los límites que lo definan choca con la independencia de otros "yo" para hacer lo mismo.

La intensidad de este choque conflictivo depende de la intensidad del apego/odio que cada "yo" sienta por sí mismo y por el otro:

A mayor apego/odio, mayor será la intensidad del conflicto.

A mayor intensidad del conflicto, mayor será el apego/odio susceptible de generarse.

Aquí nos encontramos con los otros dos venenos:

El apego puede ser definido como una identificación emocional obsesiva con una parte determinada de la realidad, en concreto, con esa a la que se la ha llamado "yo" (y lo mío). El deseo, la avidez, la ambición, el ansia, la ansiedad, forman parte de esta misma familia.

El odio, por su parte, puede ser definido como un rechazo emocional obsesivo hacia una parte determinada de la realidad, en concreto, hacia esa que hemos llamado "no-yo" (lo otro). La cólera, la aversión, la descalificación de lo otro son emociones emparentadas de esta misma familia.

Detengámonos brevemente para observar la relación que existe entre el deseo y la cólera: el deseo, por su propia naturaleza, tiende siempre buscar su satisfacción. El deseo es una tensión emocional que necesita ser relajada mediante la satisfacción del mismo. En la acción de desear encontramos tres aspectos:

• El sujeto que experimenta o genera el deseo.

• El objeto del deseo.

• La acción emprendida por el sujeto en pos de la satisfacción.

Ahora bien, no siempre se puede obtener lo que se desea, ya lo decían los Rolling Stones. La acción emprendida por el sujeto en pos de la satisfacción puede encontrar muchos obstáculos que impidan alcanzar el objeto del deseo. Cuando esto sucede, por lo general, aparece la cólera, la ira, la furia. La cólera es una emoción destructora. Su objetivo es destruir el obstáculo que se interpone entre el sujeto que desea y el objeto deseado.

Por lo general, este obstáculo es mucha veces "lo otro", el "no-yo".

Una mente cegada por la creencia en el yo se ve afectada de egocentrismo. Esto es, el "yo" cree ser el centro del universo y piensa que "lo otro", el mundo y su gente, está ahí para satisfacer su deseo, o al menos, en ningún caso debe constituir un obstáculo. El problema es que los demás "yoes" piensan lo mismo.

Volvamos ahora al conflicto fronterizo (nuestra vida cotidiana está llena de pequeños conflictos fronterizos: intrapersonales e interpersonales).

Al analizar la historia de la humanidad y nuestra propia historia personal, podríamos pensar que existen dos maneras básicas de resolver los conflictos fronterizos:

1º. Mediante la reafirmación de la independencia del yo apoyada en la fuerza coactiva.

2º. Mediante el diálogo basado en la realidad de la interdependencia mutua del yo con lo no-yo.

En realidad, y como espero demostrar, no hay dos maneras. Sólo una: la del diálogo basado en la interdependencia mutua del yo con lo no-yo.

Veámoslo:

1º. Tenemos que reconocer que la opción que consiste en afirmar la independencia del yo mediante la fuerza coactiva ha sido y sigue siendo la más recurrente en la mayoría de nosotros como manera de resolver nuestros conflictos internos, interpersonales e internacionales. Tenemos que reconocer que aunque el uso de la fuerza coactiva parece solucionar el conflicto a corto plazo, en realidad lo único que hace es aplazarlo y enconarlo aún más. ¿Por qué? Porque el uso de la fuerza coactiva no disuelve las causas profundas de los conflicto. Solamente cambia la polaridad del conflicto.

¿Cómo es esto? La aparente resolución de un conflicto mediante la fuerza coactiva trae inevitablemente al escenario la figura del yo vencedor y del yo vencido. Usualmente el yo vencedor es el que más fuerza tiene para afirmar su independencia. Por lo tanto, este yo vencedor puede creer que el conflicto ha sido resuelto gracias a su mayor fuerza coactiva. No obstante, olvida al yo vencido. El yo vencido se siente humillado, genera rencor, odio y deseo de venganza. Se apega aún más a su deseo de independencia y puede esperar pacientemente durante mucho tiempo hasta que se den las circunstancias apropiadas (acumulación de fuerzas) para encender un nuevo conflicto y saciar su deseo de venganza y de independencia.

Supongamos que las circunstancias cambian con el tiempo y que el yo vencido en el conflicto anterior acumula la suficiente fuerza como para enfrentarse y vencer al anterior yo vencedor. Entonces, éste se convierte en yo vencido. Y como el anterior, se siente humillado, genera rencor, odio y deseo de venganza. Se apega aún más a su deseo de independencia y espera pacientemente, todo el tiempo que haga falta, a que las circunstancias cambien para encender un nuevo-viejo conflicto. Y así por los siglos de los siglos, la rueda del odio y del conflicto basado en la fuerza coactiva continúa girando y girando. La opción que consiste en afirmar la independencia del yo mediante el uso de la fuerza coactiva no es una opción verdadera. Es una perpetuación sine die del conflicto y de su secuela de sufrimiento.

2º. El diálogo basado en la realidad de la interdependencia mútua del yo con lo no-yo es la única solución verdadera, la única que aporta una verdadera paz interior porque es acorde a la realidad de la naturaleza humana. El verdadero diálogo está necesariamente basado en la comprensión y aceptación de que ningún yo puede ser independiente. La independencia del yo es una ilusión, un mito adolescente. Ningún yo puede vivir por sí mismo. Ningún yo es ni podrá ser nunca independiente. Todos nosotros necesitamos el aire, la tierra, el agua, el sol para sobrevivir. Nos necesitamos los unos a los otros. Somos lo que somos sólo gracias a la interdependencia que nos une a todo cuanto existe.

El diálogo como solución.

Para que el yo pueda solucionar mediante el diálogo su conflicto con lo no-yo tiene que abandonar la opción de la fuerza coactiva.

El fin último de la fuerza coactiva es la destrucción, o la neutralización como eufemísticamente se dice en el lenguaje militar moderno, de lo no-yo.

Para que el diálogo se produzca es imprescindible que el yo reconozca el derecho a ser de lo no-yo. El yo debe equiparar su derecho a ser con el derecho a ser del no-yo. Es decir, el yo necesita ecuanimidad. Necesita liberarse de la terrible polarización emocional "apego a lo mío / rechazo de lo suyo". La ecuanimidad permite al yo poner en la misma balanza sus necesidades y las de lo no-yo.

El diálogo no puede producirse desde el egocentrismo. Un yo dialogante es un yo que se da cuenta de que la realidad carece de centro. La realidad es un diálogo continuo entre infinidad de centros, un diálogo continuo entre una infinidad de yoes interdependientes.

Así pues, la ofuscación, el apego terco al yo y a lo mío, el rechazo, el odio o la insensibilidad hacia el "otro" son tres venenos que intoxican la mente humana y nos impiden convivir en interdependencia con las demás existencias. Estos tres venenos son las causas profundas de todo conflicto y de todo sufrimiento.

¿Cómo transformar los Tres Venenos? Alimentando en nosotros sus antídotos.

• Alimentando la sabiduría, es decir, la visión profunda de las profundas interrelaciones que nos mantienen unidos.

• Alimentando la ecuanimidad emocional, pacificando nuestras emociones.

• Alimentando la compasión (no le hagas a otro lo que no te gustaría que te hiciera a ti mismo. Haz a los otros lo que te gustaría que te hiciera a ti mismo).

¿Cómo se hace esto?

Seguramente hay muchas maneras de hacerlo. Cada uno debe encontrar la que concuerde mejor con sus características personales.

Personalmente, conozco una manera maravillosa de practicarlo: la meditación zazen.

Durante la meditación zazen se produce aquello que le sucedió a un viejo ermitaño un día:

Historia del ermitaño, de los dos toros que combatían a orillas del mar.

Esto es lo que vamos a hacer durante este fin de semana: sentarnos, sentirnos, hacernos íntimos con nosotros mismos y dejar que los dos polos de nuestros conflictos internos se disuelvan en el océano de paz, calma y luminosidad de nuestra auténtica naturaleza original. Y vamos a ofrecer esta paz interior conseguida a la Convivencia Pacífica de todos los seres vivos.

http://www.dokusho.eu/

martes, 16 de diciembre de 2008

Si la gente necesita de lo bueno...



Si la gente necesita de lo bueno y lo provechoso ó lo clarificador, deja que ellos lo busquen; que ellos lo descubran por si mismos. Deja que ellos mismos desarrollen la habilidad de discriminar entre las buenas palabras, las palabras de un bribón, ó el vano parloteo de un político.

Que la gente se salve a si misma. Le hará muchísimo bien, finalmente aprender, que se siente al sucumbir debido a la propia estupidez. Tales lecciones nunca se olvidan y son productivas de nuevas posibilidades.

Se como un guía que sólo indica cómo llegar en forma segura a la cumbre de la montaña pero no determina cual es la montaña que hay que subir…

No te sientas responsable por la gente sino por lo que está ocurriendo en el mundo. No vayas hacia la gente; no escribas para la gente y no trates de convencer a la gente de la verdad o la importancia social de su saber.

Enfrenta la dolorosa tarea de amar a los seres humanos y al mismo tiempo de no quedar ligado a ellos del modo habitual; deberás conocer sus flaquezas sin despreciarlos ni temerles.

Aprende a dar sabiamente y con circunspección, de lo contrario la gente te tomará por una persona fácil de engañar y hará de ti un tonto con profundo desprecio por tus métodos.

Maestro Reich.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Lama Jamyang Tashi Ling.


Esta sociedad, con una clara tendencia a acentuar todo lo relacionado con el "tener" en prejuicio del "ser", nos impulsa descontroladamente hacia una carrera sin meta en la que lo único que cuenta es obtener. Parece como si para "ser" debemos de "tener".

Si lo meditamos profundamente veremos que la perspectiva del "tener" no es nada halagüeña. Mientras la vida nos sonríe o mientras vemos posibilidades de obtener los diferentes deseos que se nos aparecen, nos mantenemos desenfrenadamente en esta espiral irreflexiva y alocada de esforzarse para obtener, buscando una felicidad etérea y escurridiza.

Solo grandes acontecimientos de nuestra vida nos hacen parar y reflexionar: la muerte, la enfermedad, la vejez, el infortunio, la sensación de vacío y de pérdida de tiempo, la infelicidad y la depresión, son las alertas que nos ofrece la vida para mostrarnos la otra realidad. Esa que no nos hemos planteado seriamente con anterioridad o que al entreverla nos hemos asustado, ya que nos obligaba a tomar drásticas decisiones de cambio.

Son muchos los seres que al encontrarse imbuidos en el letargo mundano son incapaces de reconocer y atender a las alarmas dirigidas hacia ellos. Para que despierten definitivamente la vida debe de esforzarse mucho. Esos malos momentos evolutivos no son nada más que paradas necesarias para la reorientación del individuo. Pero, ¿cómo aprender a reconocer esas alarmas? E incluso más importante, ¿qué hacer para cambiar las tendencias internas que nos conducen a disparar esas alarmas?.

Para contestar esas preguntas se necesita un ser muy especial. Alguien que se dedique plenamente a esa labor. Alguien que haya experimentado los diferentes momentos y que tenga predisposición por mostrar a los demás la forma con la que mejorar sus propias experiencias. Eso es un maestro espiritual o lama si utilizamos el idioma tibetano.

Lama es el ser que mediante su esfuerzo alcanza un nivel de experiencia interna que lo conduce a un estado superior de conciencia. Es aquel que ha conseguido despertar a una realidad que va más allá de la visión mundana, de la percepción ordinaria. Asimismo debe de ser instruido para capacitarse en la difícil disciplina de enseñarlo a los demás.

Esa es una de las ayudas importantes que un lama nos puede proporcionar, pero además, dependiendo de la idiosincrasia de cada lama puede beneficiarnos en otros ámbitos. En nuestro caso en concreto, el venerable lama Jamyang Tashi Dorje hace más de 25 años que se dedica a la imposición de manos, a la transmisión de energía. Eso lo convierte en un consumado especialista en solucionar o aliviar todo tipo de problemas relacionados con: enfermedades físicas o mentales provenientes de problemas energéticos, cuestiones procedentes de situaciones ilógicas o sin explicación, ayuda al moribundo y a los difuntos, orientación espiritual, ...

QUÉ "NO ES" LAMA

Para muchos es un mundo nuevo y por lo tanto lleno de novedades. Puede ser que la misma ignorancia nos ponga en algún que otro apuro al respecto. Para evitar esos malos tragos vamos a intentar erradicar los posibles malos entendidos centrándonos en lo que "no es" para así acercarnos por eliminación a lo que "es".

Lama no es un médico. Y en ningún momento pretende suplantarlo. Por lo tanto no quiere ni puede aconsejar o desaconsejar que alguien deje un tratamiento recetado por un facultativo.

Lama no es un psicólogo ni psiquiatra. Los trastornos mentales o emocionales son muy complicados y de curación en muchas ocasiones lenta y oscilante. Cualquier interferencia en un tratamiento específico puede ser causa de recaída o incluso de empeoramiento. Es por ello que el discípulo debe de informar obligatoriamente en el supuesto de encontrarse bajo supervisión médica y en el caso de solicitar ayuda al respecto, debe de ser siempre con el visto bueno por escrito de su especialista.

Lama no es quién toma las decisiones. En determinados momentos y bajo según que circunstancias tenemos tendencia a buscar cobijo en alguien por el cual sintamos un especial respeto. Esa tendencia que podríamos catalogar como normal puede llegar a la patología produciendo en quien la padece una sensación de inseguridad para acabar abandonando las riendas de su propia vida. La figura de Lama en muchas ocasiones está muy unida a la de consejero. Pero esos consejos deben de ser vistos siempre como un punto de vista a valorar, no como un dogma de fe. Entre otras cosas porque en budismo no se contempla esa opción como apta. Incluso el Buda aconsejó que debía de valorarse su doctrina antes de aceptarla. Un punto de vista fuera del problema que nos acucia puede ayudarnos, pero nunca será lícito el volcar la responsabilidad de los acontecimientos hacía el Lama.

Lama no es un adivino. Es evidente que el permanecer muchas horas en meditación faculta al practicante con la capacidad de ver algo más allá que aquellos que no se dedican a ello. Además, los lamas utilizan ciertas herramientas para apoyarse en momentos de incertidumbre o indecisión, pero no se puede confundir ese método con el tarot o la videncia. Entre otras cosas porque solo se utilizan para clarificar ciertos pasajes del camino espiritual, no para la especulación ni la diversión de nadie.

Lama no es un mago. Es evidente que la potencia de la oración puede resultar sorprendentemente poderosa y que sus efectos benéficos pueden ser altamente resolutivos para según que problemáticas. Es asimismo palpable que el poder de esa misma oración dependerá directamente de la fuerza de la mente que la movilice y por lo tanto que una mente entrenada será mucho más efectiva que no otra cualquiera. La fuerza de la oración puede hacer que la vida cambie, que los bloqueos energéticos se eliminen, que se vuelva a encontrar sentido a esta existencia ...


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